lunes, 23 de septiembre de 2013

Del bienestar




En septiembre de 1970 la señorita H. me dijo: «¡A la tercera va la vencida! Si me da de nuevo L-DOPA, le prometo que esta vez no habrá complicaciones». Así lo hice y la señorita H. demostró tener razón. En estos dos últimos años ha seguido recibiendo 4 gramos al día con una reacción terapéutica clara aunque no espectacular. Tiene rabietas o crisis esporádicas, pero no demasiado frecuentes y nunca graves. He seguido observando su hábito de «ajustarse las gafas», que parece absorber o descargar o expresar sus tendencias a los tics, o una acumulación indebida de excitación psicomotriz: «Es mi desahogo», dice. «Déjenlo en paz.»
Podemos decir, en términos generales, que la señorita H. vive todo lo que puede dentro de sus posibilidades y de acuerdo con la situación en que se halla: procura hacer excursiones e ir al cine siempre que puede; al bingo es un terror, porque gana invariablemente, debido a que no hay nadie en el hospital que pueda igualarla en ingenio o en rapidez de pensamiento; y profesa gran cariño a la única hermana que le queda. Pero durante la mayor parte del día está absorta en la lectura y escribe: lee con gran rapidez y asiduidad y devora lo que lee… siempre es algo «pasado de moda» (normalmente Dickens) y nunca contemporáneo; piensa mucho y no revela sus  pensamientos a los demás, confiándolos sólo a un volumen tras otro de sus voluminosos diarios. Así pues, en conjunto, a la Srta. H le ha ido bien, sorprendentemente bien, considerando su vida anterior. Pese a tantos obstáculos, ha conseguido ser siempre una persona real y afrontar la realidad sin rechazos y sin locura. Recurre a una fuerza que para mí es insondable, una salud que es más profunda que la profundidad de su enfermedad.

OLIVER SACKS. Despertares. Traducido del inglés por José Manuel Álvarez Flórez. Revisión científica del doctor Javier Serrano. Muchnik Editores (1988).

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